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Me
apetece
tu férrea voluntad de desdeñar falsarios,
tu voz que nada olvida
en las márgenes rotas del río de la vida
y el no dejar de lado ni dolores ni espejos
inútiles y rotos
ni aquellos que conservan el azogue intocado.
Me
apetece que seas
suelta como los sueños y en los sueños
tarareando tus versos al oído
de aquellos que creemos en milagros
y de tus pautas, dueña
y dueña del timón de tu palabra,
de la sombra preciosa que te ampara,
de tus árboles todos abrigados de trinos.
Me
apetece que seas
un poema en mi mano.


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